Los médicos del siglo pasado

La mas noble de las profesiones, y tal vez la mas antigua, no es necesario ser un mago para saberlo y entenderlo,  indudablemente es la medicina. Se comprenderá que en la antigüedad no era conocida como tal, el oficio de sanar y curar a la gente lo desempeñaba  el  Chamán o el Brujo de la tribu, y en algunas comunidades el anciano o miembro mas viejo de la tribu. Estos miembros tenían conocimientos de algunas plantas que a veces surtían efectos en parte medicinales, y otras veces el efecto podía ser negativo;  estos antiguos magos de la ciencia en algunos casos se apoyaban en  partes de la anatomía de ciertos animales que la gente veía como míticos, el murciélago, el buho y aún la gallina, seres de los cuales el personaje estudiaba sus partes interiores para diagnosticar una enfermedad o un mal con una mínima probabilidad de certeza, es decir, la suerte jugaba un papel preponderante en la función del curandero, este adjetivo  es mas que justificado. Estos personajes  existían cuando el Hombre comenzaba a entenderse a si mismo como ser humano, pero no se conocía ni sospechaba como era interiormente  y menos la causa de sus dolencias.

    La humanidad fue evolucionando y así mismo la curiosidad del hombre por su bienestar físico, fue así como en Grecia surgieron  hombres que en distintas épocas se preocuparon por la salud, lo que los indujo a estudiar el cuerpo humano y las posibles causas de las enfermedades que lo aquejaban.

    En el Siglo IV aC surgió  Hipócrates, dedicado a la medicina y quién separó esta como un oficio independiente, la separo de la religión a la cual estaba unida por creencias y prohibiciones que hacían mas difícil su ejecución. Hipócrates nos legó su famoso juramento que es un compendio de todas las cualidades y virtudes que debe tener un médico para ejercer su profesión con idoneidad y desprendimiento, convirtiendo al médico en un verdadero apóstol al servicio de quienes sufren una enfermedad.

   De esa época para acá la medicina fue avanzando, a veces con dificultades debidas a la ignorancia de la gente y en ocasiones las dificultades físicas lo impedían. Por ejemplo mi Abuelo me contaba, cuando apenas yo tenía nueve o diez años, que a él lo habían operado de la apéndice sobre la mesa del comedor, en su casa de Medellín, casi a palo seco porque lo único se conocía era el éter como medicamento para dormirlo; esto me lo dijo porque un día que lo estaba ayudando a vestirse le vi en el estómago una cicatriz que parecía una serie de cinco obligos mas, vertical hasta el pubis, lo cual me sorprendió sobre manera, fue una charla bonita, dentro de gran camaradería y mas bién con ánimo pedagógico. Según esa historia yo debería estar muerto, mas adelante veremos por qué.

      Otra experiencia que tuve como testigo distante, no actuante por mi edad y porque no me correspondía, fue el nacimiento de mis tres hermanos con quienes tenemos una diferencia de edades de diez, doce y catorce años. El suceso estaba envuelto en el para mi un misterio bastante intricado. Podía ver desde la casa de mi abuela que era junto a la nuestra, los preparativos de sábanas, toallas, agua caliente hervida, platón, y otras cosas que he olvidado;  veía aparecer a un personaje femenino que nunca había visto, y por suerte recuerdo su nombre: Ludobina, ella era la  “partera”, sobra la explicación de su oficio, pero fue muy reconocida por su  competencia e idoneidad. Después de angustiosa espera por parte de mi abuela llegaba mi Papá  con una sonrisa de triunfo y nos daba la buna nueva… ¡¡es un hombrecito!!, y todo está bién;  gran regocijo de nosotros y un gran descanso.

  Hay otro paso no menos importante que las señoras tenían que dar en beneficio propio, y era el cuidado de su figura después del parto, para lo que era necesario una sábana con la que las fajaban fuertemente para volver los músculos de su estómago a su estado normal,  así debían permanecer durante cuarenta días, período de tiempo que llamaban “dieta”.  Durante ese tiempo la alimentación era especial, consistía mayormente en “pollo” o gallina campesina bién gorda, ya que esos tiempos no se conocía la industria avícola como la existente hoy,  y otras viandas de la mejor calidad que cumplían la función  de engordar a la parturienta que así perdía la figura que ansiaba tener después del parto. Hoy la medicina y la química farmacológica cumplen tan  deseada función. ¿Por qué no se acudía a un médico? no lo sé, tal vez las costumbres eran otras o no había médicos especialistas, no lo entiendo pero fue la costumbre en esa época,  año de 1941. ¿Que sucedería si hoy un acontecimiento catastrófico hiciera retroceder el mundo a esa época?

  Con todo y esto la humanidad ha llegado a la época actual, época de trasplante de órganos, vacunas, operaciones  milagrosas e implantes para tapar defectos, algo casi increíble. Pienso que paralelo a las cirugías tan avanzadas va el empleo de los analgésicos de todas clases y para todas, o casi todas, las necesidades humanas y médicas, un dolor de muelas, un cáncer o  una distonía, también se usa combinaciones de analgésicos con resultados positivos.

   Ahora tenemos que ver la otra cara de la moneda, si esta historia fue en todo, o casi en todo, positiva, veremos  ahora  lo que no nos gusta de la era contemporánea o actual.

   Lo que según el Juramento Hipocrático debe ser un apostolado, ha dejado de serlo para convertirse  en el mas puro mercantilismo donde predomina el beneficio propio por encima de la angustia del necesitado;  la velocidad del modernismo ha dejado atrás el dolor humano en favor de lo mercantil y el egoísmo. Pero miremos la época en que todavía  la medicina era un apostolado y los médicos cumplían fervorosamente con el Juramento Hipocrático, esto es a comienzos  del siglo XX.

    Después de laboriosos estudios y practicas agotadoras sobre Anatomía efectuadas en cuerpos abandonados y cedidos por una entidad hospitalaria, el estudiante se graduaba como Médico y comenzaba su labor verdaderamente benéfica. Los que poseían medios inmediatamente abrían su consultorio particular, pero es necesario decir aquí que también, y era lo mas común, la visita a domicilio pues casi no existía el servicio hospitalario. En la casa del paciente el médico efectuaba el examen de rigor y emitía su concepto. Como se verá ese concepto era el fruto de los estudios efectuados y la práctica obtenida, eran pocos los exámenes de laboratorio pues no correspondían a un avance apreciable o el médico no lo consideraba necesario, la experiencia del galeno primaba sobre cualquier cosa y el  diagnóstico era la mayoría de las veces acertado.

     El médico era el amigo, y a veces el consejero, pero no por eso exento de errores. Aquí  una anécdota, una experiencia personal. A la edad de los seis años fui operado de la apéndice, todo iba bien hasta que a los cinco días, o no se cuantos, mi mamá se dio cuenta de que tenía fiebre, llamó al médico y le hizo notar que no me habían quitado la “sonda” o drenaje, el doctor procedió a retirarla y se disculpó ampliamente por tal olvido, bueno, cosas que pasan.

     Otro punto interesante a tratar es el de las drogas o “remedios” que se requerían. Se recetaba algo que no era producto de laboratorio, entonces el médico elaboraba una fórmula con los productos necesarios  para elaborar el remedio, esta debía ser traducida por el “farmaceuta o boticario” lo mas pronto posible para darle al paciente el remedio ya elaborado, así que el médico tenía que saber también de elaboración de drogas y sus compuestos y las cantidades de cada elemento, claro, esto no sucedía en todos los casos.

     Es de ver entonces que la vida se desarrollaba de una manera mas tranquila y mas amable, sin tanta agitación y por lo mismo con lentitud, pero los tiempos fueron cambiando, la población aumentó y la ciencia avanzó en una forma increíble, las costumbres son ahora  impresionantemente distintas para bién o para mal, eso lo juzgará  cada quién a su acomodo.

     Hoy en día los médicos no van a las casas ni por equivocación, hay que ir al consultorio pidiendo previamente una cita que la secretaria le da para dentro de quince días, si tiene suerte; no es raro que si bién le va, obtenerla para dentro de dos o tres meses con médicos especialistas es un milagro, entonces, si la situación del enfermo es grave, hay que ir a una clínica u hospital  a urgencias para que lo atiendan en forma impersonal por uno de los médicos que está de turno,  y este efectúa la consulta como quien cumple con el turno para lavar un carro, en forma poco menos que automática; después de la consulta se tomará la decisión correspondiente, es decir, si el enfermo tiene que volver a su casa, o si el médico decide dejarlo hospitalizado en la entidad.

         Los laboratorios fabricantes de drogas son otro problema insoluble para el paciente y sus familiares, pues los precios de sus productos varían a su acomodo y sin control por parte de las autoridades correspondientes.  En Colombia nos damos el  “lujo” de consumir los medicamentos mas caros del continente, en muchos de los casos con el precio del hambre y el dolor de la parentela de quién sufre el dolor. Como este es otro tema distinto, lo dejaremos para otra ocasión.

Francisco Campuzano, Bogotá Octubre de 2015

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